Asteroide Bennu: Próximo Patio de Juegos para la Investigación del Espacio (Alexandra De Castro)

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Con esta sonda la NASA continúa un sistemático estudio de lo asteroides, cuyos resultados arrojarían luz sobre el origen de la vida en la Tierra y la comprensión de las trayectorias de estos objetos que en algunos casos podrían amenzar nuestro planeta.

Por Alexandra De Castro

La conquista del espacio, y la investigación in situ de nuestro entorno inmediato extraterrestre, es sin duda una de los desafíos más emocionantes del siglo XXI. El 8 de septiembre de 2016, la sonda OSIRIS-REx de la NASA despegó desde el Centro Espacial Kennedy en Florida a las 7:05 pm hora local, (11:05 pm UTC/GMT, 6:05pm Ciudad de México y 8:05 pm Santiago de Chile), con destino al asteroide Bennu. La sonda hará una travesía de  dos años hasta alcanzar al asteroide y acompañarlo en su órbita.

Bennu es un objeto celeste muy pequeño, se estima que mide solo 490 metros de diámetro. Su día dura poco más de 4 horas terrestres: apenas como para presenciar puestas de Sol corriendo una silla, al estilo de El Principito. Su órbita alrededor del Sol es relativamente cercana a la tierra aunque en planos diferentes. Su perihelio (mínima distancia al Sol) queda dentro de la órbita de la Tierra, mientras que su afelio (máxima distancia al Sol) se acerca al tránsito de Marte.

La misión principal de OSIRIS-REx es estudiar la superficie de Bennu y recolectar muestras para traerlas a la Tierra. El plan consiste en hacer un mapa de la mineralogía del asteroide en busca de regiones ricas en moléculas orgánicas y agua, esenciales para la vida y seleccionar los mejores lugares para investigar y arrancar trocitos de la superficie para estudios en los laboratorios aquí en la Tierra.

Para alcanzar estos objetivos, la sonda está dotada con varios instrumentos muy sofisticados. En particular, posee un espectrómetro o instrumento que analiza luz, capaz de “ver” y emitir en la región visible e infrarroja del espectro electromagnético. La luz en este rango interactúa con los minerales y en particular con las moléculas orgánicas produciendo patrones que son huellas digitales de cada compuesto, haciendo fácil su identificación. Además, la nave lleva un brazo robot, maravilla de la ingeniería, el cual se encargará de literalmente tocar el asteroide en los lugares finalmente seleccionados por los científicos del proyecto, arrancar trocitos de la superficie y guardarlas en su interior para traerlas a la Tierra. La nave está diseñada para traer hasta 2 kilogramos de roca.

También se investigará cómo el calentamiento y enfriamiento de su superficie, en el transcurso de su día y noche, afectan su órbita. La emisión de calor asimétrica desde su superficie produce “empujones” diminutos afectando su tránsito alrededor del Sol, en el tiempo, fenómeno conocido como: efecto Yarkovsky.

La misión enfrenta varios retos, uno de ellos, esta es la primera vez que una sonda intentará orbitar un objeto celeste tan pequeño. OSIRIS-Rex emprenderá el regreso a casa en el 2021 y llegará a la Tierra cargada de enigmas sobre el origen de la vida y de nuestro sistema solar, en el 2023.

El lanzamiento puede verse en este enlace desde la NASA.

 


Alexandra De Castro tiene un doctorado en física teórica, es investigadora y comunicadora de la ciencia y la tecnología. Vive en La Haya, Holanda. Su blog sobre temas científicos es Browniana.


Imagen inicial: NASA.

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