Donald Trump, la Derecha Populista Europea y el Caudillismo (de José A. Clavijo)

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De cómo el surgimiento de Donald Trump puede obedecer a tendencias mundiales que van de viejos a nuevo continentes.

Por José A. Clavijo
para Neorika

Confieso que observo el auge político de Donald Trump con sentimientos encontrados. Por una parte, me inquieta su lenguaje soez, colmado de intolerancia y exclusión. Es inaudito en una nación como EEUU – ejemplar de poder blando, primera potencia económica y militar del mundo,  y una, por cierto, forjada como crisol de culturas y creencias – que el principal candidato del Partido Republicano para las elecciones presidenciales cimiente su campaña en comentarios racistas, xenófobos, sexistas. La construcción de un gran muro entre México y EEUU  – pagado por el sureño, desde luego. La exclusión de musulmanes del territorio nacional  -obviando el hecho que EEUU ya tiene una comunidad mahometana que supera 3.3 millones, cuya proporción de la población nacional se duplicaría hacia mediados de siglo. Comentarios despectivos hacia los medios de comunicación, sus contrincantes partidistas, contra judíos, denigrando mujeres. Esto pertenece a un pasado inhóspito e intransigente; a un pasado superado.

Pero por otra parte, estoy fascinado por su perdurabilidad. Tan irreverente personaje ya debería haber desaparecido, tal como sucedió en campañas anteriores. Contra todo pronóstico, y a pesar de una cáustica y herética campaña, “The Donald” sigue liderando las encuestas. Hay quienes señalan que podría llegar hasta el final, y que si no gana la nominación Republicana en julio de 2016, podría contar con suficientes delegados como para influenciar con su visión chovinista el programa electoral del partido y, de esa manera, disminuir aún más las perspectivas de una victoria.

La sobrevivencia política de “The Donald” es un asunto complejo. Su popularidad es producto de un malestar general, uno que supera las fronteras de EEUU. El fenómeno también tiene su penosa expresión en Europa. En el viejo continente, la convergencia de una crisis económica, la avalancha de refugiados huyendo zonas de guerra y los temores de una arremetida terrorista, está alterando un proyecto regional que tardó generaciones en consolidarse. Tan precaria coyuntura es agravada por un desafío estructural mayor: las vicisitudes de un mundo en transición, donde el poder económico está fluyendo de Occidente hacia el Este y el Sur. El resultado es una población desencantada, y el concomitante surgimiento de partidos de extrema derecha – y en menor caso de izquierda – con líderes carismáticos y populistas que prometen el retorno a un pasado irreparable.

El auge de la derecha populista tanto en EEUU como en Europa no tiene parangón desde la primera parte mitad del siglo pasado. Un mensaje variopinto, formulado a la medida de angustias circunscritas, coincide en acusar a los partidos tradicionales y los gobiernos de turno de ser incapaces de proveer seguridad y prosperidad a sus ciudadanos. Mientras, un electorado temeroso de perder sus prerrogativas debido a los embates de la globalización, la tecnología y la inmigración busca consuelo en una verborrea patriotera y excluyente.

El populismo de derecha ensancha sus fronteras en partes de Europa. Gobiernan partidos afines en Hungría (liberal) y Polonia (semi-autoritario); en bastiones de bienestar social como Finlandia y Suiza, forman parte de coaliciones gubernamentales. Agrupaciones nacionalistas y xenófobas lideran las encuestas en Francia y los Países Bajos, gozando de apoyo popular en Austria y Bélgica. El UKIP británico es ultraconservador, xenófobo y euroescéptico. En Alemania, que en 2015 acogió un millón de refugiados,  crece el apoyo a la extrema derecha. Incluso en la indulgente y próspera Escandinavia florecen partidos chovinistas, e incluso islamófobos. Algunas de estas agrupaciones neonacionalistas perciben en la Rusia de Vladímir Putin un modelo a seguir.

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Los radicalismos en Europa, de derechas e izquierdas, podrían hacerse con el 19.5% del Parlamento Europeo en las próximas elecciones comunitarias del 22 al 25 de mayo. Fuente: TeInteresa.es.

Estos partidos pregonan un nacionalismo basado en una ascendencia, etnia y religión compartidas, donde los advenedizos son vistos con recelo y como fuente de competencia laboral. La búsqueda de soluciones simples y la explotación de ansiedades existenciales corren el riesgo de agitar sociedades en transición. El desafío para los países occidentales  afectados es que el mensaje populista amenaza la tradicional tolerancia y amplitud de miras que son el fundamento de sus identidades contemporáneas.

La Perdurabilidad

En el caso particular de EEUU, la perdurabilidad de Trump proviene principalmente de tres factores. Uno tiene que ver con un sistema político tildado como disfuncional, producto de la polarización entre las posiciones de los partidos Demócratas y Republicanos. Las diferencias ideológicas entre ambos son las mayores desde el siglo XIX, lo que ha contribuido a posiciones contrarias en temas vitales de la agenda nacional. El poder legislativo tiene históricos bajos índices de confianza. Pero el electorado también se ha ido polarizando, con un aumento en la proporción de conservadores y liberales impertérritos, y una caída en el porcentaje de centristas que mantienen posiciones ecléticas.

Es desde esta perspectiva que debe entenderse el surgimiento de esa facción reaccionaria conocida como el Tea Party; así como el auge de candidatos populistas de derecha encarnado por Donald Trump y Ted Cruz. Incluso el confeso “socialista” y candidato demócrata, Bernie Sanders, es parte de esta tendencia, aunque desde el otro lado del espectro político.

Por otra parte, el electorado estadounidense, defraudado con una casta política almidonada, anhela candidatos “auténticos”. En la dinámica actual, prevalecen las personalidades sobre políticas. Y en esto, ciertamente, sobresale “The Donald”. Dice lo que piensa, aún a costa de controversias. Improvisa sus discursos. Es iconoclasta y combativo. Un segmento de la población parece apreciar la espontaneidad de su verborrea. Entre el abanico de candidatos republicanos que parecen de cera, Trump luce natural (bueno, aparte de su pelaje).

En tercer lugar, el apoyo de Trump proviene mayoritariamente de la clase trabajadora de raza blanca, un fragmento de la población en franco deterioro demográfico y socioeconómico. Esta cohorte, otrora componente fundamental de la economía, sociedad e incluso identidad estadounidense, está siendo afectada por el estancamiento de sueldos e ingresos. La globalización y la tecnología que acompasan la nueva economía están disminuyendo sus perspectivas económicas. Y, como en Europa, perciben con suspicacia la inmigración. El efecto anímico de esta transición es devastador.

El obrero blanco estadounidense sufre hoy en día de alarmantes niveles de mortalidad; la depresión y la desesperanza están conduciendo al suicidio, el alcoholismo y a sobredosis de fármacos y drogas ilegales. Y no lo digo yo; lo dice Angus Deaton, Premio Nobel de Economía en 2015, quien ha investigado extensamente la materia. La tendencia no tiene parangón ni entre las minorías de EEUU, ni en Europa; en el mundo industrializado, sólo es comparable a la muerte en masa de hombres rusos luego del desmoronamiento de la Unión Soviética.

El riesgo para la sociedad estadounidense y para Europa es que en las próximas décadas, el mensaje populista de personajes como Trump podría intensificarse. En el caso de EEUU, sería una voz cada vez más disonante, y minoritaria. Los reducidos niveles de inmigración blanca, menores tasas de fertilidad y el envejecimiento de la generación blanca de “baby boomers” están impactado el balance demográfico del país. Por otra parte, crece la proporción de minorías.

En 2011, por primera vez nacieron más bebés de comunidades minoritarias que bebés blancos. Hacia mediados de siglo, la población blanca no hispana perdería su histórica posición mayoritaria – mientras en 2010, constituía un 63% de la población total, hacia 2060 conformaría apenas el 43%, según cifras de la Oficina del Censo. EEUU se convertirá en un país sin ningún grupo étnico/racial dominante. Y cabe señalar que la comunidad hispana experimentará el mayor aumento porcentual y numérico; hacia 2060, uno de cada tres residentes sería hispano, comparado con uno de cada seis en la actualidad.

La transición demográfica garantizará el crecimiento de la población y la sostenibilidad de la economía estadounidense. Queda por ver cómo la sociedad manejará tan trascendental coyuntura histórica. Lo que parece evidente es que tendrá un impacto en actitudes y en la idiosincrasia nacional. Y también en la naturaleza de la política. Lo que luce posible, a menos que el Partido Republica no se modera y se hace más incluyente, es el futuro dominio del poder Ejecutivo por el Partido Demócrata. Quizás, incluso, vendría una reforma del sistema político. La transición demográfica no será fácil. Pero es inevitable.

En lo personal, me desagrada el estilo de “The Donald”; pero tampoco me amedrenta. Su fuente de apoyo demográfico es un componente decreciente de la población nacional. Luce muy poco probable, sino imposible, que obtenga la nominación del Partido Republicano. Su apoyo se mantiene estable en un 30% del 25% del electorado que dice ser republicano. Difícilmente crecerá. Y en el supuesto caso, teórico, que ganará la elección presidencial, su lenguaje y estilo inevitablemente se moderaría al asumir las riendas del poder.

EEUU no es un país tercermundista con frágiles instituciones, donde caudillos pueden gobernar a su antojo y usurpar los poderes del Estado. EEUU es una vetusta democracia, con una de las más arraigadas tradiciones de separación y balance de poderes. Una presidencia de Trump se vería constreñida por las exigencias de una sociedad cada vez más diversa, así como por la interacción de múltiples intereses. EEUU puede sobrevivir las aspiraciones políticas de “The Donald”. Podría, incluso, sobrevivir su Presidencia.


José A. Clavijo es un ex diplomático venezolano, investigador y experto en política internacional.


Imagen inicial: Composición de Neorika con imágenes de WikiCommons.

Fuentes:
Melanie Amann, et al; “Fear, Anger and Hatred: The Rise of Germany's New Right”; Spiegel Online International; 11 de diciembre de 2015.
Joschka Fischer; “Furia nacionalista y xenófoba”; El País; 3 de enero de 2016.
George Friedman; “The Crisis of the well – crafted candidate”; Stratfor; 22 de septiembre de 2015.
Elizabeth McElvein; “Is Trump “taking advantage” of American anxieties?”; Brookings  Institution; 1 de enero de  2016.
Fareed Zakaria; “America’s self-destructive whites”; The Washington Post; 31 de diciembre de 2015.
“Liberalism  –  Playing with fear”; The Economist; 12 de diciembre de 2015.
“La Oficina del Censo de los EEUU proyecta que dentro de medio siglo la población del país crecerá más lentamente, será de mayor edad y más diversa”; Oficina del Censo de EEUU; 13 de diciembre de 2012.


 

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