Félix J. Fojo: un Humanista a la Vieja Usanza (Perfil)

Félix J. Fojo, en foto de Abel Ferro.

Del bisturí a la pluma se recorren todas las edades…

Kelly Martínez

Félix J. Fojo es conocido por su trabajador como médico especialista, docente e investigador científico. Sus estudios sobre la obesidad han sido publicados en diversos medios y son frecuentemente citados en el campo de la medicina latinoamericana.

Sin embargo, hay un lado menos conocido y es su faceta como escritor que, en los ochenta, le valió una Mención en el Premio Casa de Las Américas y también dos Premios La Edad de Oro por su obra infantil y juvenil. En abril de este año publica De Venus a Botero. Breve historia de la obesidad, que es lo que me lleva a conversar con él en un soleado patio de Miami junto a Armando Nuviola y Yovana Martínez, sus editores.

Un patio donde, pasado el momento de la entrevista, nos quedamos tratando de resolver el mundo a gritos, porque bien es sabido que los cubanos estamos incapacitados para hablar bajito.

El libro será presentando el 21 de abril en Altamira Libros, Coral Gables, a las 7:30 pm.

Eres médico, pero tu incursión en el campo literario no es reciente. En la década de los 80  ganaste una Mención en el Premio Casa de Las Américas, Mención Ensayo. ¿Cómo y cuándo surge tu vocación literaria?

Vengo de una familia de médicos, pero soy lector desde pequeño y se lo debo a mi padre, que me regalaba libros de aventuras. En la primaria comencé a leer por mi cuenta, sobre todo libros de guerra. Por ejemplo, la historia de la Segunda Guerra Mundial la conozco bastante bien y he leído todo lo que he podido, desde Churchill hasta Max Hastings. Así que mi vocación literaria es relativamente precoz. Me formé en un colegio privado, el Baldor, donde nos ponían a hacer composiciones y redacciones. A casi nadie le gustaba aquello pero a mí sí, aunque no lo dijera para no caer mal.

Comencé a escribir para niños y jóvenes cuando estudiaba Medicina, y lo hice porque me pareció más fácil (tenía muy poco tiempo). De ninguna manera era más fácil pero no me gusta dejar nada a medias. Gané dos años seguidos el Premio La Edad de Oro: un año con una biografía de Carlos J. Finlay para adolescentes y otro con un breve recorrido por las ciencias cubanas antes de la Revolución (desde médicos hasta meteorólogos pasando por los especialistas en peces tropicales y en la caña de azúcar).

En el Premio Casa de las Américas concursé con un estudio que se llamaba “La Ciencia Cubana de 1850 a 1950”. Ganó una mención. La biografía de Finlay la expandí (hice un trabajo de investigación realmente interesante en el archivo del Museo de las Ciencias Médicas en La Habana) y gané el Premio al mejor libro científico cubano del año (1984).

Me trajo algunos problemas, pues mi enfoque en la relación del sabio con los médicos norteamericanos con los que trabajó, no se ajustaba al enfoque oficial. Finlay, que trabajó estrechamente con los norteamericanos estuvo propuesto varias veces para el Premio Nobel, y en Cuba siempre se dijo que había sido vetado por los norteamericanos y que ellos le habían intentado robar su descubrimiento. Hubo sus problemas pero la historia no es exactamente como se cuenta.

Cuando uno comienza a escribir, los caminos que quiere transitar son múltiples. Hay escritores que lo hacen, otros que se quedan con un camino específico ¿Cuál de los dos eres tú?

No me siento ya como un escritor para niños. Prefiero relacionar la ciencia con la historia, las artes, el cine, la música, etc. y divulgarla desde esa perspectiva. Y me gusta escribir ficción, aunque con una visión histórica. Si me hubiera dedicado a la literatura pues seguramente hubiera escrito mucho más, pero la Medicina ocupó un 90% de mi tiempo (en ocasiones el 100%). Quedaron de esa larga etapa libros y monografías médicas que tuvieron mucho en su tiempo pero ya se han puesto viejas.

Las Ciencias y las Humanidades, las dos grandes vertientes del conocimiento, parecieran haberse separado completamente en la modernidad. ¿Lo están realmente?

Sí, pero no debieran estarlo. Los humanistas del Renacimiento veían las Ciencias como una parte del quehacer global de los saberes humanos. Hoy no se ve así. También es cierto que las Ciencias, mediante el dominio de las matemáticas y las tecnologías de medición e imágenes han dejado muy atrás a las Humanidades. Eso es un problema que tienen que resolver las Humanidades o corren el riesgo de volverse irrelevantes o desaparecer.

Sin embargo, en un mundo tan sociopolíticamente complejo como el nuestro, las voces de filósofos como el recién fallecido Bauman o la del controversial Zizek parecieran haberse vuelto muy populares. La gente habla en términos de “amor líquido”, por ejemplo. ¿Es posible que en un momento excesivamente tecnificado la gente esté necesitando un tipo de respuestas que las ciencias no pueden dar?

No estoy muy seguro de que las Humanidades sean populares hoy. Es cierto que alguna gente habla de “amor líquido” (sin saber quien lo dijo) pero también es cierto que fenómenos tan evidentes como el populismo no son reconocidos (y echados a un lado) por el público como debieran serlo. Cuánta gente se asombra cuando se le compara a Donald Trump con Mussolini o con Hugo Chávez. Las Humanidades debieran recordarmos y enseñarnos muchas cosas que no pueden hacer las ciencias, pero creo que se pierden en palabras y discursos que al final no nos dicen mucho. A la simple y corriente mentira se le llama “posverdad’ y eso es una tontería. La mentira es mentira y punto. Hoy estamos en la era de los “post”. Creo que las humanidades tienen que vencer su amor por la palabrería y retomar el verdadero humanismo. De hombres como Sartre no ha quedado prácticamente nada y eso me demuestra que Camus, al que en su momento no reconocieron adecuadamente, estaba mucho más cerca de la verdad. Zizek, con todo respeto, es un provocador y un vendedor de libros, pero no creo que dentro de 20 años quede nada de él.

Para provocar un poco te diré que la “filosofía líquida” corre el riesgo de ser absorbida por la tierra seca y desaparecer. Quizás el problema está en que no hay suficientes pensadores de alto nivel.

Este mes, abril,  se publica tu último libro: De Venus a Botero. Breve historia de la obesidad ¿De dónde surge la idea de una historia de la obesidad?

Surge de mi trabajo de investigación sobre la obesidad como un problema médico y de mi gusto por la historia. No puedo decir exactamente en qué momento surgió la idea. Estaba escribiendo algo sobre el tema y de pronto sucedió, lo vi como un todo. La obesidad es una de las tantas maneras de analizar el mundo moderno. Tienes delante a un paciente obeso y lo tratas como un enfermo, pero entonces te das cuenta de que hay millones y millones de esos enfermos. ¿Qué está pasando? Y así llegas a interesarte por el tema.

¿Por qué abordar una historia de la obesidad no estrictamente desde el punto de vista médico sino también desde la historia de la cultura, que es lo que hace tu libro?

Porque no existía esa historia. O todo es medicina o todo es historia, pero no encontré el término medio, salvo en artículos sobre temas particulares.

¿Qué pasa en el mundo, a nivel sociocultural, que nos ha llevado a una vida cada vez más sedentaria y llena de comida hipocalórica?

Trato de explicar eso en el libro. Todo lo que ocurre tiene consecuencias. La lucha contra el hambre, muy buena en sí misma, incrementó el consumo de alimentos hipercalóricos. La lucha contra la esclavitud del trabajo bruto incrementó el empleo de herramientas que nos hacen sedentarios, y así sucesivamente. La penicilina ha salvado millones de vidas pero ha matado a varios miles de personas. No esperes el “final de los problemas”. Así no funciona la vida. La obesidad es, entre otras cosas, un resultado de la solución de otros problemas. Cuando la gente moría antes de los 45 o 50 años de tuberculosis o cólera, la obesidad era casi desconocida. El libro es un recorrido de la historia de la humanidad para llegar al establecimiento de la obesidad como una pandemia. Dentro de cien años es probable que se haya encontrado una solución a la obesidad y habrá otros problemas.

¿Planeas escribir otras Breves historias de…? ¿Cuáles?

Sí, planeo otras “breves historias”. Tantas que voy abriendo archivos para cada una: La guerra, el cáncer, la estupidez humana, el populismo, la censura y la autocensura. No sé. Eso tiene un período de maduración. Te prometo anunciarte con tiempo la próxima.

¿Un tema que te obsesione y sobre el que te gustaría escribir alguna vez, largo y tendido?

La historia de las ciencias es un tema del que me gustaría escribir sin apuro, sobre todo la relación de las ciencias con el humanismo. Pero no sé si me alcanzará el tiempo. De la relación entre ciencias y humanismo ya te adelanté algo. La ciencia es fundamental y además siempre, de una u otra forma, está sometida a ataques. Hitler impuso una eugenesia racial anticientífica y hoy, en USA, nos quieren imponer la negación del cambio climático o la visión bíblica de la evolución. Todo eso parece increíble pero hay millones de personas que lo ven así. Eso es un fracaso de las humanidades.

El humanismo (y las humanidades) también es fundamental, pero tiene que saber desenvolverse en un mundo tan cambiante y tan técnico. No veo a las humanidades actuales con una respuesta clara a problemas como la genética, la eutanasia, la ética de la clonación y las células madres, la física de partículas, la robótica, el desempleo estructural, etc. Hay que trabajar mucho en todo eso, y hay que saber llegar a la gente común. Lees, por ejemplo, “Una breve historia del tiempo”, un libro de ciencia y no ves un equivalente filosófico. Ese “gap” me interesa.

Por eso escribo esos artículos “raros’ en los que asocio la ciencia con la música, la pintura, el cine, la literatura, el boxeo, el sexo y un largo etc. Hemingway y Faulkner eran alcohólicos (ergo eran enfermos) pero escribían fabulosamente bien (ergo eran tremendos literatos). Por qué no podemos encontrar los puntos comunes. Me aterro cuando veo a un crítico literario diciendo que las condiciones del escritor no importan, pero también me aterro cuando veo a un médico diciendo que no le importa lo que haga o deje de hacer su paciente. Todo importa y todo está relacionado. Eso, creo, es humanismo.

 


Kelly Martínez es una escritora y docente venezolana-cubana. Vive actualmente en Miami, EEUU.


 

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