Las Leyendas Urbanas y una Cadena de Errores (por Fernando Nunez-Noda)

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Si una mentira repetida mil veces termina siendo considerada verdad, las leyendas urbanas son un vivo ejemplo de ello.

Fernando Nunez-Noda

Desde “Bill Gates donará 5 centavos a [cualquier caridad de 1995] por cada email que usted envíe a un amigo…” hasta más recientes como “Estalla el implante de una mujer mientras hace un selfie para Instagram”, las leyendas urbanas son la sustancia de lo que llamamos “conversación de social media”, invaden todos los espacios como una realidad paralela, falsa por supuesto pero dada por hecho en un mundo donde la gente lee una línea o menos de un texto y aprueba, comparte y comenta como si hubiera leído una enciclopedia al respecto.

Parece ser que las leyendas urbanas tienen un valor evolutivo. Lo leo en un artículo de Matthew Hutson en The Atlantic  de noviembre de 2015. Por ejemplo, la gente suele recordar más una pieza de información si ayuda a la supervivencia (evitar ciertos alimentos, o modus operandi delictivos a veces realmente rocambolescos). Por  eso, un estudio de 220 leyendas viralizadas en redes sociales, encontró que la mayoría se centraba más en los “peligros que en los beneficios”. La mente está atenta a lo amenazante y menos reactiva a lo provechoso. Recuerda por favor esto porque tu vida peligra si no lo haces (nah, solo estoy jugando).

Hutson razona que “Creer en un peligro falso es menos dañino que ignorar uno verdadero”. De hecho, los sujetos encuestados “encontraron tópicos que van desde pastores alemanes hasta cirugías oculares láser más creíbles si mencionaban riesgos, como mordidas o doble visión”.

El Chino Que Demandó a su Esposa Por Tener Hijos Feos

leyendasurbanas2Éste es un ejemplo clásico de leyenda urbana. Es, de hecho, uno de los artículos más populares de Neorika de todos los tiempos. Dice que: “Circuló a finales de abril de este año la “noticia” de un señor chino que demandaba a su esposa porque los hijos salieron muy feos. La noticia apareció en cientos de periódicos y medios en línea, junto a innumerables blogs formales o informales.

Se casó con la mujer  y esperaba lindos hijos, porque ambos eran bien parecidos. Pero los hijos salieron muy feos. Dice él: “Nuestra hija es increíblemente fea, hasta el punto de horrorizarme”.  El protagonista se quiso someter a una prueba porque no creía que siendo ella y él guapos, los niños no lo fueran. El resultado determinó que sí eran hijos suyos. Entonces su mujer confesó su secreto más oculto: se había sometido a diversas cirugías estéticas antes de conocerlo.”

Snopes encuentra en su investigación una interpretación acaso más plausible:

  1. La imagen adquiere una interpretación en el RocketNews 24 de Taiwan, según al cual corresponde al anuncio publicitario de un centro de cirugía plástica de Taiwán.
  2. Al dejar claro que los niños no se parecen a sus padres, el texto del anuncio explica que: “Lo único que a usted le preocupará será cómo explicárselo a sus hijos”.

Pero tampoco hay confirmación de esta versión, por lo cual los “cazadores” de historias falsas concluyen que lo más plausible es que la especie: “Se originó como pieza de una sola fuente impresa en un periódico chino (el Heilongjiang Morning Post), conocido por publicar leyendas urbanas sin verificación.”

Pocas Cosas tan Rápidas como la Transmisión de estas Leyendas

Otro estudio sugiere que no solo hay incentivo en creer una leyenda urbana sino en retransmitirla. “Compartir información (sobre todo si es amenazante) puede hacerte ver más confiable”, señala Hutson. E incluso hay otros elementos que incrementan la credibilidad:

Una teoría de la transmisión cultural sostiene que las historias, mitos y conceptos religiosos son más propensos a durar cuando tienen suficientes elementos familiares para sentirse plausibles, pero también tienen dos o tres elementos “contrarios a la intuición” que los hacen memorables, un fenómeno conocido como “el sesgo de mínima contradicción a la intuición” (MCI, siglas en inglés).

Al final, el elemento más poderoso de una L.U. es la condición sine qua non de ser creído así haya voces y evidencias que expliquen o comprueben lo contrario. Conocer su falsedad o imposibilidad no la inocula contra la viralidad. Un estudio reseñado por el  Journal of Experimental Psychology encontró:

…Que la lectura de una declaración falsa (por ejemplo, “El océano Atlántico es el océano más grande en la Tierra”) hizo a los sujetos más propensos a calificar la declaración como verdadera cuando la encontraron una segunda vez, incluso si se les dijo en ambas lecturas que era falsa, e incluso si más tarde demostraron que sabían que el Pacífico era de hecho el océano más grande.

Algo en la mente nos juega sucio, quizá el principio ya antiguo de creer como cierto lo que vemos impreso o, en versión moderna, publicado en un blog o medio digital.

Algunos ejemplos de todos los tiempos, que han sido desmentidos sistemáticamente pero siguen reproduciéndose impúnemente como el primer día:

  1. Walt Disney era de origen español y su cadáver está conservado criogénicamente a ver cuándo puede revivirlo la ciencia.
  2. Si una persona sueña que se muere, se muere de verdad.
  3. Hay un truco para saber quién ha visitado tu perfil de Facebook. Haz clic en…

Snopes

baniwi

Foto del famoso pero falso “baniwi”, híbrido de banana y kiwi, que nos es más que una broma muy bien hecha. Fuente: DPWWW.

Cuando me entero de un evento demasiado sensacional para ser cierto, acudo a Snopes, un buen sitio desmontador de L.U. pop contemporáneas. Se definen como: “La fuente de referencia definitiva en internet para leyendas urbanas, folklore, mitos, rumores y desinformación”. El equipo de Snopes hace una investigación periodística muy curatorial, un trazado hasta el origen de la farsa o el evento (que a veces son ciertas), así como su evolución y sus últimas apariciones e impactos. Califican cada L.U. con una luz de semáforo. Verde= cierta. Rojo= falsa y Amarilla= No confirmado.

Por eso, antes de emocionarse y compartir que enterrar una banana rellena con kiwi produce un “baniwi”, dese una vuelta por Snopes y descarte esa leyenda, antes que sus amigos descarten su credibilidad. Pueden leer sobre el baniwi en Snopes.

Golcar-Cadenas

Un caso interesante de malentendido que se transmuta a leyenda urbana es el caso de Golcar Rojas. Golcar es un periodista venezolano que escribió un artículo en su blog sobre los venezolanos en el mundo con un epígrafe o cita inicial, del gran poeta venezolano Rafael Cadenas. La gente se apresuró a compartirlo borrando las comillas de la cita, de modo que el nombre de Cadenas lucía sencillamente como de autor de la pieza.

golcarcadenasPNG2Les puedo decir que solo los amigos de Golcar (y unos pocos más) sabemos que es el autor. El resto de quienes lo han leído en blogs, periódicos y otros medios da por sentado que fue el poeta (básicamente porque no han leído al poeta tampoco, como para contrastar estilos).

La aclaratoria se ha hecho en artículos  e incluso por el mismo Cadenas, así como en decenas de comentarios de Facebook, pero no importa, por cada aclaratoria hay cientos de repeticiones del error inicial. De modo que el episodio ha pasado a poblar la comarca de las leyendas urbanas, las que tienen vida propia no importa cuánto las desmintamos.

Y vale decir que Cadenas tuvo suerte, porque el texto de Golcar es intenso y sentido, de sólida prosa. Peor suerte han corrido dos inmensos autores de la lengua española.

Por años circuló un poema falsamente atribuido a Jorge Luis Borges, sin duda con el texto menos borgiano imaginable:

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.

Poquísimos se dieron cuenta porque ¿quién lee a Borges? Otra víctima fue Gabriel García Márquez con una prosa de exhortación que se multiplicó en internet hacia finales de los años 1990. Un fragmento:

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan. 

Supuestamente lo había escrito al enterarse que estaba enfermo de muerte. Al leerlo el autor de Cien Años de Soledad se apresuró a aclarar: “Lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi”.

Y esa declaración no fue leyenda urbana.

 


Imagen inicial: Captura de pantalla de búsqueda de Google Images bajo “Urban Legnds”.

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